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martes, 29 de mayo de 2018

Carta matrimonio itinerante del Camino Neocatecumenal ante la muerte de su hija

Queridos Hermanos:

La paz del Señor, que está cerca, esté con ustedes. Queremos contarles la experiencia que ha sido la pascua de nuestra hija Ester en medio de nosotros.

Esta pascua, creo que empezó hace 18 años, y no me refiero exactamente a su nacimiento (26/09/1992), sino que, a los tres meses de estar con nosotros Ester sufrió un proceso viral que nadie supo decirnos realmente qué era. Ella estuvo tres días en una camilla en emergencia, y luego 43 días en UCI. Dios en aquel momento no quiso llevársela, aún no era el tiempo, pero con este primer acontecimiento, ya nos había dado una palabra, nos estaba preparando, como cuando Jesús se pierde tres días y es hallado en el templo, luego estaría tres días en el sepulcro.

Ceci me comentó que en aquel momento le pidió al Señor que Ester no muriera, porque como madre, no lo hubiera soportado en ese instante.
Lo que ella recuerda de esa enfermedad, son los constantes pañales que le cambiaba por las continuas diarreas, hecho que se le quedó grabado, y que después entendería porqué.

Hace 5 semanas empecé por las tardes a preparar en casa las catequesis de los Novísimos, sobre la mesa del comedor, lugar en el que dialogo con los chicos. Fueron tres días de diálogo con todos, sobre la Muerte, Juicio, Infierno y Gloria. A Ester le hacía gracia lo de las características de los cuerpos gloriosos, sobre todo lo de la Agilidad, ya que naturalmente, ella era así, salía a la universidad, y de regreso podía visitar dos o tres casas de hermanos que estaban pasando alguna crisis. Esta catequesis nos fue preparando, Ceci me dijo que ahora entiende que, si los Novísimos se retrasaron 4 años como tema de la convivencia de inicio de curso, uno de los motivos fue por Ester.

El viernes 17 los chicos terminaban todo lo académico, por la tarde preparábamos las maletas para salir al día siguiente, a primera hora, con destino a Lima. Ester rindió los últimos dos exámenes ese día en la U, y terminó el primer año de Psicología sin ningún contratiempo. 

Estando ya con casi todas las maletas hechas, y siendo las 10:10 p.m. aprox. Dios empezó lo que sería la pascua definitiva de nuestra hija, estando sentada en el sofá más grande del 2º piso de casa, rodeada de todas sus hermanas y su madre, empezó a retorcerse y luego se estiró en el sofá, perdió el conocimiento y empezó a vomitar. Se había desatado el accidente cerebrovascular, la llevamos a un hospital y luego, ante la gravedad, se le trasladó a otro de mayor  categoría. El doctor fue sincero desde un inicio, y nos dijo que era algo grave en extremo.

Ahí empezó el combate interior, estoy convencido que existen demonios especiales, que son soltados de los infiernos para atacar a los hombres y destruirlos en estos momentos de dolor, pero estoy mucho más convencido de que todos ellos están sometidos bajo los pies de Aquel que reina a la derecha del Padre. Yo me pregunto. ¿Cómo se puede vivir estos acontecimientos sin la fe, sin la oración de la Iglesia, sin catequistas, sin una comunidad? Realmente ha sido terrible el ataque del demonio para querer convencernos de lo contrario del Amor de Dios. Ahora entiendo de manera más profunda, porqué frente a tanto dolor, lo
demonios llevan a tanta gente a la desesperación, y luego al suicidio.

Es en este momento, que Dios envía a sus ángeles para sostenernos, varios hermanos nos auxiliaron en los trámites y económicamente. 
Le dije a Ceci que fuera a casa e intentara descansar, para tomar la posta al día siguiente, eran las 2am del sábado 18. El Padre Romulo Jibaja hizo la Unción de los Enfermos. Antes de retirarse, Ceci ayudó a acomodar y asear a Ester, en ese momento es que tiene que ponerle un pañal, porque se presenta la incontinencia, y comprendió en ese mismo instante, que aquella petición que Dios había acogido hace 18 años, se había completado.

Yo me quedé ayudado por tres hermanos, Sebastián (familia en misión), Felix y Luz (responsables de Ester). A las 3am. me dejaron pasar a verla, abrí un evangelio al azar y salió la curación en sábado de un hombre que tenía la mano seca, los sentimientos se mezclaban, yo quería creer que ella se recuperaría, pero el anuncio era claro: se venía La Hora. Con la ayuda de estos tres hermanos, he rezado toda la noche de todo.

Ceci regreso a las 8am. Y a las 9am. Se decide ponerle un drenaje para descomprimir el cerebro. En ese momento ya éramos sostenidos por cientos de hermanos que rezaban. Lo hacían también varios conventos: Los tres de la Madre Theresa, 5 conventos más en España, 4 más en el Perú (Ayacucho, Piura y Chiclayo). Mi hermano Carlos estaba en convivencia de inicio de curso en Ica, los Novísimos se estaban haciendo carne.

Las siguientes horas fueron esperar y rezar, el dren ayudó poco, Ceci y yo nos vimos a las 2:15pm. nuevamente para hacer el cambio, Ester había sido trasladada al 5º piso del hospital, luego de la intervención, Ceci se retira a casa y yo me quedo con Jesús (otra familia en misión).

A las 3pm. hace un paro cardiaco, del cual logran sacarla, pero se declara la muerte cerebral. Llame a Ceci, para que vengan con todos sus hermanos a despedirse, los demonios atacan, voy con Jesús al santísimo y me deshago en lágrimas. Jesús me sostuvo, rezamos intensamente y volvió la paz. Subí junto a Ester y le dije las palabras de la Madre de los mártires Macabeos en voz alta “Yo no sé cómo apareciste ni cómo te formaste dentro del seno de tu madre, yo no te di la vida, El que te la dio, ahora te llama ¡Vuelve a Dios hija mía, no tengas miedo!” toda esta plegaria la hice a viva voz en la
UCI, sé que todos se quedaron perplejos a mi alrededor.

Llegó Cecilia con nuestros hijos y unos 30 hermanos, que fueron entrando uno a uno para rezar y despedirse de Ester, estaban todos los hermanos y curas de la misión en Piura. A las 5pm. todos se retiran, nos quedamos con Ceci. Los demonios hacen su último ataque sobre el cuerpo de Ester, la doctora y enfermeras responsables de turno, de manera insistente y descarada, piden que aceptemos donar los órganos; ante nuestra negativa se enfadan, llegan a decirnos que ya no la asistirían en caso de otro infarto. Las enfermeras contraatacan amenazándonos que harían la autopsia sí o sí, la verdad es que detrás
de todo esto, está el dinero, dependiendo del órgano son más de miles de dólares que te dan con este tráfico, no es cómo esta doctora decía,
amor a los necesitados, o prolongar su vida en otros, la verdad era, que querían enriquecerse a costa de las circunstancias.

Fueron tres horas en esta situación, cuando al tocar el cambio de turno a las 8pm, en medio del dolor me enfrenté a la doctora que llegó, y la palabra que le di acabó haciéndola doblar la cabeza y no insistir más. A partir de ese momento los demonios retrocedieron ante la fuerza de Dios. Se acercaba La Hora. Ofrecimos los sufrimientos por la conversión de Piura y Chiclayo, por la vuelta de los hermanos alejados y por la evangelización en general. Me hago nuevamente una pregunta ¿Cómo pueden las personas vivir estos instantes previos a la muerte en la soledad y sin una esperanza de transcendencia?

Yo les pido, como reflexión, que no abandonen a ningún hermano ni a ningún familiar en la hora de su muerte, no escatimen esfuerzos.

Son las 8:30 p.m., llegan nuestros dos hijos de Lima, Raquel y Josué; 15 minutos más tarde llegan los demás, Efraím, Noemí, Débora, Andrea y Miriam, que estaban en la Eucaristía. A las 9 pm. se detiene el corazón de Ester.

Estábamos los 9 a su alrededor, proclamamos los 4 evangelios de la resurrección, cantamos los salmos, la teníamos todos cogida de sus manos y pies y le dábamos palabras de ánimo para que fuera al padre, lloramos. El último evangelio al azar, fue el de Jesucristo camina sobre las aguas, “soy Yo ánimo no temáis no soy un fantasma”. El alma de Ester se había separado de su cuerpo y estaba en la presencia del Señor. El primero al que llamé fue a José Luis del Palacio para contarle lo sucedido.

A las 11:30 p.m. estábamos en el Centro Neocatecumenal para celebrar las exequias. Lo tuvimos muy claro desde el comienzo, era un momento primordial para anunciar a Jesucristo vencedor de la muerte. Esa noche, lo primero que dije es que: los catequistas enfrentamos el sufrimiento, como cualquier otra persona, es decir sentimos lo mismo; pero la fe, nos sostiene. También hablé de la importancia de la castidad, de la virginidad, de la pureza para gloria de Dios, que se hallaban en Ester.

Ella tenía una gran ascendencia entre los jóvenes (colegio, universidad, comunidad) los he animado a mantenerse en este estado y experimentar la felicitad que tenía nuestra hija, que viene del Señor.
Todo se aprovechaba para anunciar el evangelio. Al día siguiente, han llegado, mis hermanos de sangre y de comunidad, unos por la mañana, otros por la tarde. En los laudes mi hermano Ricardo ha partido la palabra y ha anunciado a Jesucristo. Al medio día se acercó el Arzobispo de Piura para hacer el Responso, dando una palabra muy oportuna. Hemos celebrado la Eucaristía a las 6pm. y a las 9:30pm. las vísperas, en todo momento hubieron hermanos acompañándola, con cantos y oraciones.

El lunes 20, día de la sepultura, hemos celebrado las laudes a las 10 am., mi hermano Carlos anunció esta vez el kerigma. Creo que durante todas las exequias, aproximadamente unas 2 mil personas habrán pasado durante diferentes horarios. A las 2pm. fue la Eucaristía final en su parroquia Cristo Rey, asistieron aprox. ochocientos hermanos, 17 presbíteros. Fue realmente espectacular esta celebración, digna de la realeza a la que ya hacía referencia su nombre, y de la cual todos los hijos de Dios estamos llamados a participar. A las 4 pm. fue la sepultura, nos acompañaron alrededor de 400 hermanos, la sepultura fue
bendecida con agua del Jordán, cuando descendía el cajón al sepulcro, hemos cantado el Credo y pusimos sobre su él tierra del monte de la Ascensión . Al final hemos danzado: Cuántos bienes nos ha dado el Señor.

No es lo normal que los padres sepulten a sus hijos, pero entiendo que es la misma justicia que Dios ha resuelto realizar, frente a nuestros pecados para salvarnos, y si nosotros tenemos sentimientos cuánto más Dios, y si su hijo murió y entró en el sepulcro, acaso él no lo habrá sentido.
Esperamos que esta primicia que Dios ha querido llevarse de nuestra familia, redunde en frutos de santidad en nosotros, para renovar
nuestro celo por el anuncio del evangelio. 
Les pedimos a todos que recen mucho por nuestra familia, porque como comprenderán, los días que vienen son difíciles, y nosotros somos muy pobres.

A todos que pasen una Feliz y Santa Navidad y esperamos que este testimonio les ayude en su conversión, y a valorar el corto tiempo que tenemos en esta vida para convertirnos. Ester tenía 18 años, y estoy convencido de que ella no desaprovechó el tiempo que Dios le dio, y como padres podemos confesar que ella tenía las maletas listas para iniciar el viaje a la Jerusalém Celeste.

La paz,
Gian Franco y Cecilia

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